Introducción
Entre las alteraciones estéticas más molestas —y, por desgracia, más frecuentes, sobre todo en las mujeres— se encuentran sin duda las estrías.
Las estrías son lesiones atróficas que, después de una fase inflamatoria inicial que puede prolongarse durante varios meses, evolucionan hacia una fase cicatricial de color blanco nacarado.
Su localización no es casual: sigue determinadas líneas de tensión y de clivaje de la región anatómica afectada. Aparecen principalmente en el abdomen, los senos, los glúteos, los muslos y la región deltoidea.
Especialmente frecuentes en las mujeres, las estrías tienden a aparecer durante la pubertad, con una edad media de inicio de unos 14 años, y pueden agravarse posteriormente en determinados momentos de la vida.
Causas y factores de riesgo
A pesar de su origen multifactorial, se han identificado varios factores de riesgo bien documentados asociados a la aparición de estrías:
- variaciones de peso, tanto por aumento como por pérdida, especialmente si son intensas o se producen en poco tiempo;
- embarazo, sobre todo en mujeres con un índice de masa corporal superior a 26 o con una ganancia de peso de más de 15 kg durante la gestación;
- alteraciones hormonales, como el hipercortisolismo presente en enfermedades endocrinas como el síndrome de Cushing y también, aunque generalmente sin relevancia clínica, en la obesidad;
- actividad deportiva caracterizada por contracciones violentas y repetidas o por un aumento rápido de la masa muscular;
- aplicación tópica prolongada de corticosteroides;
- algunas enfermedades autoinmunes;
- episodios de desnutrición grave asociados a enfermedades infecciosas o neurológicas.
Características biológicas
El desarrollo de un tratamiento eficaz requiere caracterizar la lesión desde el punto de vista histológico y biológico.
Evolución a lo largo del tiempo
Como ya se ha indicado, la estría es una lesión cutánea que comienza como un proceso inflamatorio y evoluciona gradualmente hacia una cicatriz.
Por tanto, sus características biológicas e histológicas dependen de la fase evolutiva.
- En el período inmediatamente posterior a su aparición, el tejido afectado presenta un intenso infiltrado inflamatorio y un depósito inicial anómalo de fibras elásticas.
- En las fases posteriores, el depósito de fibras elásticas se vuelve mucho más evidente y desorganizado, con una reducción inevitable del número y de la consistencia de las fibras de colágeno y una disminución de aproximadamente el 50 % del grosor de la dermis respecto a los valores iniciales.
En su fase inicial, las estrías suelen ser rojas —o violáceas, rosadas y, con menor frecuencia, oscuras— y tienden a aclararse hasta volverse blancas con el paso del tiempo.
Mecanismos biológicos
Aunque los principales factores de riesgo y los hallazgos histológicos de estas lesiones son relativamente conocidos, los mecanismos biológicos subyacentes todavía no se han aclarado por completo.
La hipótesis más aceptada es la persistencia de un intenso catabolismo celular, probablemente favorecido por el aumento de la producción de cortisol y por una rápida modificación del microambiente cutáneo a nivel de la dermis.
La persistencia de citocinas inflamatorias atraería a las células implicadas en la inflamación y desencadenaría varios acontecimientos, entre ellos la inducción de enzimas proteolíticas responsables de la degradación de las fibras de colágeno dérmico.
La inflamación local, junto con la participación activa de macrófagos y mastocitos, alteraría la renovación normal de la dermis y favorecería los cambios histológicos descritos anteriormente.
También se inhibiría la actividad biosintética de los fibroblastos, con la consiguiente reducción de la síntesis de colágeno.
A escala macroscópica, estos acontecimientos hacen que la zona de piel afectada aparezca:
- deshidratada;
- inflamada;
- histológicamente alterada;
- funcionalmente alterada.
En resumen, los procesos biológicos asociados a las estrías parecen reproducir un envejecimiento cutáneo extremadamente rápido y localizado.
Complicaciones
En la mayoría de los casos, las estrías constituyen únicamente una alteración estética, aunque pueden afectar negativamente a la calidad de vida y al bienestar psicológico.
Con menor frecuencia, pueden asociarse a complicaciones, principalmente dermatológicas.
Eritema, dermatitis, picor recurrente, evolución queloidea, lesiones autoinmunes y discromías son las complicaciones dermatológicas más frecuentes relacionadas con las estrías.
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